Testimonio de un padre

Cuando nos pidieron que explicáramos nuestro testimonio, en un principio nos pareció una idea interesante, pero lo que no pensábamos era que este hecho nos haría revivir aquellos momentos tan infernales de nuestra vida, cuando no éramos capaces de encontrar una solución al extraño comportamiento de nuestra hija, comportamiento que nos provocaba un enorme sufrimiento, siempre pendientes del teléfono, pensando que desde el otro lado alguna voz nos informara del enésimo intento de suicidio de nuestra hija.

· ¿Cómo lo habría intentado esta vez?

Tomándose un pote de pastillas, cortándose las venas, o a saber de que otra manera lo intentaría.

· ¿Cuanto tiempo durarían los ingresos en el hospital psiquiátrico?
· ¿Serian capaces de curar a nuestra hija?

La verdad es que cada vez nos quedaban menos esperanzas de encontrar una solución al extraño comportamiento de nuestra hija.

Unos médicos nos decían que no tenia nada, que solamente quería llamar la atención, otros nos decían que la culpa era nuestra, que si nuestra hija rechazaba los alimentos era porque no éramos capaces de cocinar platos que le resultaran atractivos, otros que padecía una depresión, en resumen nos resultaba imposible buscar una solución a un problema que ni los médicos eran capaces de diagnosticar y ponerse de acuerdo.

Pero a pesar de todo, no perdimos nunca la esperanza y llego el día en que alguien nos comentó la posibilidad de que tuviera una enfermedad casi desconocida llamada anorexia nerviosa.

Nos faltó tiempo para buscar centros que trataran esta enfermedad, con el fin de iniciar un tratamiento, en caso que se tratara de una anorexia nerviosa.

Por fin le diagnosticaron, que presentaba un cuadro avanzado de anorexia nerviosa, ya podían comenzar a tratar a nuestra hija, por fin se curaría y volvería a ser la niña dulce y alegre que había sido años atrás.

Al fin, encontramos un tratamiento privado en Barcelona, donde nos dijeron que la única manera de curar a nuestra hija seria realizando un tratamiento en régimen de hospital de día, lo que suponía ir a vivir a Barcelona, ya que fuera del tratamiento ella no podía estar sola. Como se pueden imaginar esta solución era totalmente imposible, no nos podían permitir el lujo de alquilar un piso a Barcelona y mucho menos de ir y volver diariamente desde Olot.

En fin, después de exponer todos los problemas al médico del centro privado, llegamos a la solución de llevarla tres veces por semana, pero concientes de que si no realizaba un tratamiento diario seria muy difícil, por no decir imposible que se curara.

Por suerte a los cuatro o cinco meses de haber iniciado el tratamiento en Barcelona, el psiquiatra del centro nos dio la noticia de nuestra vida: por fin se habría un centro especializado en Girona!

Bueno, ahora ya han pasado más de dos años desde que está en tratamiento en la U.P.A ubicada en la Clínica Bofill, y por fin podemos respirar tranquilos, nuestra hija vuelve a ser la misma que había sido hace varios años. A todos nosotros e incluso ella nos ha cambiado la vida, volvemos a ser una familia unida, hemos recuperado el sonreír, el dialogar… pero no ha sido fácil. Los primeros meses de tratamiento fueron un infierno, ya que ella no quería curarse, pero gracias al maravilloso equipo medico-terapéutico de la U.P.A y a sus sabios consejos hoy por hoy podemos respirar tranquilos.